Dos funcionarios de la vicepresidenta trabajan contrarreloj en un pilar clave de los próximos dos años; la nueva comunión con Martín Guzmán, la furia de la oposición y las tres decisiones que marcarán el fin del mandato

De la derrota electoral surgió un modelo de gestión con el que el Frente de Todos intentará frenar antes del abismo y fijar el norte que seguirá la Argentina en los próximos dos años. Los creadores de las derrotas triunfales aplicarán saltos del tipo de cambio sin devaluar, subas de tarifas sin ajustar y un método heterodoxo para manejar la economía con más ortodoxia. O al menos eso dirán. La estrella más brillante de ese olimpo de eufemismos será un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que se presentará como el resultado de un gran desacuerdo y le dará forma a todo lo demás.

Cristina Kirchner se involucró personalmente en algunas decisiones. Dos de sus funcionarios más cercanos, como Federico Basualdo (Energía) y Federico Bernal (Enargas) trabajan contrarreloj para implementar en abril del año próximo un aumento en las tarifas de luz y gas. Tienen una responsabilidad inédita: reempadronar a millones de titulares de servicios públicos para que cada usuario pague lo que corresponde, algo que nunca se hizo hasta ahora en la Argentina.

El objetivo es bajar los subsidios del Estado, que se enfocarán en personas mayores, quienes viven en zonas frías y los que reciban la tarifa social. Será el último capítulo, también, de una pelea que enfrentó a la vicepresidenta con Alberto Fernández y Martín Guzmán a principios de este año. El primero, por insistencia del segundo, apuró una segmentación entre usuarios que Cristina Kirchner consideraba imposible, como la había convencido Basualdo.

Fuente: La Nación