Dos hombres se detonaron con pocos minutos de diferencia cerca de la zona desde donde EE.UU. coordina la operación de evacuación.

Dos explosiones se produjeron en el atardecer del jueves afuera del aeropuerto se Kabul. El atentado dejó al menos 30 muertos, incluidos niños, en las cercanías de la puerta de entrada Abbey, y en el canal de aguas servidas, en las cercanías del Hotel Baron, donde se procesaba a los afganos que buscaban salir del país.

Los talibán informaron “al menos 13 muertos, incluidos niños”. El ministerio de defensa turco fue quien informó que no hubo una sino dos explosiones separadas en las cercanías del aeropuerto. Luego lo confirmó Rusia también.

Con este método, el terrorismo en Kabul trató de conseguir un doble impacto. En la primera bomba generar muchas víctimas y cuando la segunda estalló, minutos después, herir o matar a los servicios de seguridad, militares y personal médico que había llegado a ayudar.

Este fue un ataque no solo a las fuerzas occidentales que se van sino al talibán, que acaba de tomar el país y se apresta a formar gobierno.

El escenario tan temido por los militares se produjo luego de que Gran Bretaña y otros países de Occidente advirtieran que iba a ser en forma “inminente un ataque terrorista letal” y recomendaban a la gente que esperaba en el aeropuerto que “abandonara las colas”.

Hay heridos entre los afganos y al menos tres entre los soldados norteamericanos, que vigilaban las afueras del lugar.