En un discurso de una hora y veinte minutos, el Presidente evitó confrontar con dureza con la anterior administración, no hizo anuncios económicos y aseguró que enviará un proyecto sobre el aborto y la reforma judicial.

El Presidente Fernández centró su discurso de una hora y veinte minutos de inauguración del período de sesiones ordinarias del Congreso en el envío del proyecto de ley de legalización del aborto y un paquete de medidas vinculadas a la reforma judicial, los dos pasajes de su mensaje más celebrados por el Parlamento.

Foto: Twitter Senado Argentina

«El aborto sucede, es un hecho. Y es solo la hipocresía que a veces nos atrapa la que nos hace caer en un debate como este. Por eso, dentro de los próximos diez días presentaré un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo que legalice el aborto en el tiempo inicial del embarazo y permita a las mujeres acceder al sistema de salud cuando toman la decisión de abortar”, resaltó el Presidente en su primer mensaje a la asamblea legislativa, y despertó el aplauso en el recinto.

En la pertura de su discurso, el mandatario había agradecido al Papa Francisco, “su llamamiento a construir una economía con alma”. En tal sentido, después de la ovación por la mención del aborto, Fernández anunció el envío de un proyecto del “plan de los mil días, para garantizar la atención y el cuidado integral de la vida y de la salud de la mujer embarazada y de sus hijos o hijas en los primeros años de vida”.

En cuanto la gestión del Gobierno anterior, Fernández evitó la confrontación y los anuncios económicos: solo un breve repaso por la herencia recibida, referencias a las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los acreedores y el pedido de una investigación para “saber qué pasó y quiénes se beneficiaron” con “la fuga de dólares” de los últimos cuatro años. Esto provocó el primer aplauso estruendoso del bloque oficial. “Somos un gobierno de científicos, no de CEOS”, enfatizó el Jefe de Estado argentino.

En cuanto a las acciones del Gobierno nacional Fernández aseguró que enviaría un proyecto para “promover y estimular» el sector de hidrocarburos; la creación del “consejo económico y social para el desarrollo argentino”; un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) previsto para la próxima semana para modificar la ley de inteligencia «impidiendo a los organismos de inteligencia realizar tareas represivas, poseer facultades compulsivas, cumplir funciones policiales o desarrollar tareas de investigación criminal como auxiliares de la Justicia; “tres proyectos de ley” para afianzar el reclamo de soberanía de las Islas Malvinas, y un programa de “innovadores de Gobierno” para premiar al empleado estatal.

También Fernández basó buena parte de su discurso en la reforma judicial que, según resaltó, ya está terminada y será enviada al Parlamento en los próximos días. Mencionó, de hecho, la iniciativa debatida el jueves pasado, para equilibrar al sistema previsional.

En relación al trabajo que se viene realizando en la Agencia Federal de Investigaciones aclaró: “A veintiséis años del atentado a la AMIA, ordenaré a la Agencia Federal de Investigaciones desclasificar los testimonios secretos brindados por agentes de inteligencia en los juicios en los que fuera investigado el hecho y la responsabilidad de funcionarios del Estado en el encubrimiento del mismo. Lo mismo haremos con toda documentación reservada que exista en el organismo sobre el tema”.

Posteriormente anunció el “reordenamiento de la Justicia Federal” y la “creación de un nuevo fuero federal penal”: “Los delitos contra la administración pública en los que incurran funcionarios del Estado Nacional dejarán de estar en manos de unos pocos jueces, para pasar a ser juzgados por más de medio centenar de magistrados”. Y oficializó “la conformación de un consejo para afianzar la administración de Justicia en la República Argentina”, consultivo del Poder Ejecutivo e integrado por “las más prestigiosas personalidades del mundo académico y judicial”.

Una vez terminado su discurso, el Presidente dedicó un par de minutos a saludar a algunos de los presentes, mientras un tibio “Alberto Presidente” bajó desde los palcos. A diferencia de los mensajes de Cristina Kirchner de años atrás, casi no hubo cánticos: solo al principio, al ingresar al recinto, y recién sobre el final.

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