Matías, Jessica y Alejandro, de 3 años, recorren las rutas argentinas en el vehículo que convirtieron en su propia casa. De qué viven, cómo se relacionan con la gente y qué piensan sobre la educación de su hijo.

La odisea empezó en febrero. Salieron desde Tierra del Fuego, ya recorrieron parte de la Patagonia y desde hace una semana están en la localidad bonaerense de Carhué. Su plan es “seguir subiendo para conocer el norte”, hasta que se reabran las fronteras, y puedan ir a Uruguay.

Antes de empezar el viaje Matías trabajaba en tareas de mantenimiento, instalando sistemas de calefacción central; Jessica era empleada administrativa y docente de historia. Están juntos hace doce años, llevan once de convivencia y ahora venden artesanías y comida para afrontar los gastos. “Hacemos alfajores, budines, mates pintados a mano, imanes, pulseritas de macramé, chapas decorativas y atrapa sueños. Excepto en los sahumerios que también vendemos, en todo están nuestras manos puestas”, enumeró Jessica.

“Este era mi sueño de toda la vida. Primero pensé en hacer el viaje en bici, después en una 4×4 y ya en familia, hicimos el motorhome. Yo buscaba viajar con un ingreso seguro por el alquiler de una casa, pero ver videos en YouTube de otros viajeros y visualizar que es posible vivir viajando, nos terminó de lanzar a la aventura”, contó Matías y destacó que ambos tienen un “espíritu inquieto”.

Salir a la ruta no fue fácil. Entre las restricciones por la pandemia que atrasaron el plan durante un año y los arreglos de la combi, sentían que siempre faltaba algo para poner el motor en marcha. La reflexión de Jessica fue clave y pusieron primera sin dudas: “Si esperábamos a tener todo perfecto, no íbamos a salir más. Nos estábamos metiendo una excusa a nosotros mismos, porque no son vacaciones, es vivir viajando”.

A los dos les sorprendió “lo impresionante y enorme que es la comunidad viajera”. “Se va cuidando y asesorando a través de las redes sociales, y también por medio de una aplicación donde hay información sobre cuáles son los puntos más seguros y tranquilos para dormir.Hay una red de ayuda increíble”, afirmaron Matías y Jessica que comparten sus vivencias y ofrecen sus productos en Viajale por América.

También, en todos los lugares que visitan, se sorprenden por el trato que reciben de los habitantes. “Nos habían dicho que lo mejor del viaje era la gente, pero una cosa es escucharlo y otra muy distinta vivirlo”, explicó Matías. Jessica define el vínculo como “mágico” y asegura que las personas no solo “se acercan para comprar, sino para conectar”. “Nos sentimos chiquitos ante tanta generosidad, la gente nos abre las puertas de su casa”, afirmó.

Si bien su hijo Alejandro tiene 3 años y aún no está en etapa escolar, consideran que su educación es fundamental. “Sabemos que hay un plan del Ejército Argentino de educación a distancia, en el motorhome tenemos Internet así que no va a haber problemas con las clases virtuales”, indicaron. Tanto Matías como Jessica destacan que su hijo “está feliz y cambió un montón”: “Antes era introvertido y ahora se le despertaron otros sentidos. Se maravilla con los animales, trepa árboles y entabla conversaciones con todos los chicos, fue super acertada la decisión de no cancelar el viaje por él”.

Aunque el sueño es llegar a Alaska, el destino no es definitivo. “Estamos muy abiertos a lo que vamos pasando y sintiendo. Si nos gusta un lugar o surge una posibilidad laboral interesante en alguna ciudad, nos quedamos. O lo contrario, si alguno de los tres la está pasando mal y no quiere seguir, lo charlaremos y nos volvemos a la vida sistemática. Aprendimos a ser resilientes, a reinventarnos todo el tiempo y siempre le pusimos palabras a nuestra relación. La comunicación es la base de todo”, reflexionaron.

Fuente: TN