Son productos que recrean el sabor, el color y la experiencia de las clásicas, pero en opción vegetariana. El desarrollo de una empresa argentina que multiplicó sus ventas en la pandemia.
Es una tendencia mundial que ya desembarcó en la Argentina. En muchas partes, se las conoce como «No Meat» (sin carne), aunque también está la «Impossible burger» (hamburguesa imposible) o «beyond meat» (más allá de la carne). Son los clásicos medallones que solemos comer entre dos panes, con una diferencia: parecen y saben igual que las «normales», pero están hechas a base de plantas.
Hace menos de un año, una foodtech local -empresa de comida tecnológica- buscó cambiar el paradigma de la comida congelada. Tiene un catálogo con más de 50 alimentos sin conservantes: un proceso de ultracongelación permite conservar al máximo las propiedades del alimento. Y en los últimos cinco meses multiplicaron sus ventas por diez, potenciados especialmente por la pandemia del coronavirus y las compras por Internet.
Adolfo Rouillon y José Robledo son dos emprendedores rosarinos de la red Endeavour, una organización que ayuda a potenciar negocios innovadores. En sus propias palabras, se “obsesionaron” con el tema de resolver la comida diaria, de forma simple, rápida, pero también manteniendo la calidad de los productos. Así surgió Frizata, que actualmente opera en Ciudad de Buenos Aires y parte del conurbano, La Plata, Córdoba y Rosario. Además, planea instalarse en Brasil antes de fin de año.
«Nuestros clientes buscan practicidad para resolver su alimentación en el hogar. La calidad y variedad son fundamentales, así como poder acceder a precios accesibles”, afirma Adolfo Rouillon, uno de los fundadores de la compañía.
Lo más disruptivo de este emprendimiento es la línea Fri, que comenzó con la Friburger, una hamburguesa sin carne, vegetariana, hecha a base de plantas. Para sus creadores, es una apuesta a la alimentación del futuro: comer carne, pero sin carne.
Ahora lanzaron al mercado dos productos más de la misma línea, FriNuggets -bocaditos similares a los de pollo pero sin pollo- y FriBites, albóndigas rellenas de mozzarella. También sumaron otra hamburguesa Friburger con queso.

“Desarrollamos esta línea pensando en el consumidor que quiere reducir su consumo de carne sin resignar completamente la experiencia. Con estos productos Fri, pueden disfrutar de la experiencia de comer carne sin carne de forma práctica y accesible”, explica Rouillon.
“Si bien la idea de desarrollar una línea Meat Free viene desde hace casi una década, sabíamos que en ese momento el mercado no se encontraba preparado para una línea de productos tan revolucionaria. Frizata entiende que el futuro requiere un equilibrio entre salud, medioambiente y disfrute de experiencias positivas: esto deriva en elecciones alimentarias orientadas a reducir el consumo de carne sin poner en riesgo nuestro equilibrio nutricional”, resume el emprendedor.
El desarrollo de la «carne sin carne»
Las hamburguesas, y otras comidas similares, están hechas de lo que muchos llaman «carne vegetal». Para llegar a esta estructura, se parte del poroto de soja. Usan ingredientes que existen en la naturaleza: no hay un ingrediente secreto realmente, sino mucho trabajo y conocimiento de cada uno de ellos. Los productos de esta línea tienen huevo, por lo que son vegetarianos, no veganos. Para lograr la mordida y parte de la estructura, se trabaja en los diferentes perfiles de granulometrías.
La segunda etapa del desarrollo es el escalado del producto, donde se debe lograr que ese prototipo se pueda elaborar de manera estandarizada, eficiente y estable. Una vez lograda esta etapa, se está en condiciones de producir el nuevo producto y llegar a todos los clientes.
Llevó más de dos años desarrollar la FriBurger y el principal desafío fue la textura y tratar de imitar el comportamiento mientras se cocina. Los creadores buscaron que el color pudiera ir virando de un rosado, como la carne cruda, a un color más oscuro. El aroma y la mordida también debían ser iguales y para ello se sometió al producto a muchos ensayos de prueba y error.
En cuanto a los ingredientes, la proteína primordial es la soja. También tiene cebolla y especias como pimienta y pimentón. Y usan remolacha para trabajar con el color del producto.
«Son muchos pasos, y cada ingrediente tiene una aplicación diferente, que le va dando uso a la funcionalidad que uno busca. Además, hablamos directo con nuestros consumidores, y su feedback nos permite ir perfeccionando el producto. Nuestras recetas no son estáticas, sino que vamos evolucionando los productos que realizamos. La FriBurger que hoy comercializamos es una versión 2.0, una versión superadora», resumen los creadores de la hamburguesa argentina sin carne. Comparada con una tradicional, tiene 60% menos de grasa y 30% menos de calorías, además de no tener aditivos ni sumar colesterol.
Fuente: TN








