La Bombonera repleta y suela por doquier, Boca se las ingenió para incomodar a un River sin las ideas claras y, cuando ya se había consolidado la sensación de «el gol, gana», con un cabezazo de pique Benedetto, rubricó el medido centro de Juan Ramírez en un saque de esquina.
Con más alma que finuras, Boca honró al clamor de su tribuna y el gol de Darío Benedetto consumó el día perfecto de la victoria en el Superclásico y un salto en la tabla que autoriza a soñar con el título en un campeonato argentino que, a falta de nueve fechas, carece de un dominador claro.
Con latri Bombonera repleta y suela por doquier, Boca se las ingenió para incomodar a un River sin las ideas claras y, cuando ya se había consolidado la sensación de «el gol, gana», con un cabezazo de pique Benedetto, rubricó el medido centro de Juan Ramírez en un saque de esquina.
Benedetto festejó de cara a su tribuna con inequívocos ademanes de que tiene «cosas de varones», refundó su idilio con los hinchas xeneizes y fue ovacionado cuando salió sustituido.
Lo que quedó en el minutero fue el mero transcurrir de un River al que Marcelo Gallardo no logró revitalizar pese a haber agotado los cinco cupos de variantes.
Fue, en fin, un clásico reñido y por momentos al filo de lo que permite el reglamento, circunstancias favorecidas por un arbitraje, el de Darío Herrera, irregular por demás: se cometieron 31 infracciones, hubo once tarjetas amarillas y unan roja, la de Marcos Rojo.








