Cumplió ayer 23 años y está aislada. No le permiten utilizar teléfono celular y sólo puede recibir la visita de un familiar cada 15 días. Según su abogada no tiene conciencia de lo que es una condena perpetua. Preparan una nueva estrategia de defensa.

Nahir Galarza, la joven entrerriana que ayer cumplió 23 años en prisión, hoy no votará y sólo piensa en volver a ver sus padres. Como se sabe, la joven cumple su condena a prisión perpetua en la Unidad Penal 6 Concepción Arenal de Paraná por el asesinato de su novio, y trascendió que no hoy no votará ni tampoco se permitirán visitas, según establece el Protocolo del Covid-19, que sólo autoriza el ingreso de un familiar cada 15 días.

“Nahir está bien, pero necesita ver a su familia”, dijo su abogada defensora, Raquel Hermida Leyenda, al canal TodoNoticias.

Si bien en otras unidades penitenciarias está permitida la visita semanal a los reclusos y pueden ingresar hasta dos familiares, en Concepción Arenal rige otro protocolo. Por otra parte, la joven tampoco puede utilizar teléfono celular a pesar de que es una excepción que rige desde el comienzo de la pandemia.

Cuando se le autorizó a hacerlo, su muro de facebook se reactivó con nuevas imágenes y se dio marcha atrás con la medida, a pesar de que su abogada, especialista en violencia de género, argumentó que no fue Nahir Galarza quien posteó las fotografías. “Alguien de adentro le sacó las fotos y después las vendió”, argumentó en su momento su defensora, pero a Galarza se le confiscó el celular de todos modos y perdió contacto directo con sus allegados.

En las últimas PASO de agosto 2019, Nahir Galarza había recibido apenas 48 hs antes la confirmación de su condena de prisión perpetua. Sorpresivamente apreció en su celda un muñeco de trapo de tamaño humano y se sospechó que la joven intentaba fugarse. Por eso, el beneficio de utilizar celulares durante la pandemia tampoco se le concedió.

Poco después, su compañera de celda, Yanina Lescano, recibió el beneficio de la prisión domiciliaria, y Nahir Galarza quedó aún más aislada, sin poder conversar con su “amiga del alma”, como la joven calificó a este nuevo vínculo.

El servicio penitenciario le permitió entonces tener una bicicleta fija para hacer gimnasia y esta será hoy su única compañía en prisión.