Se cree que tenía una mejor audición que otros «abelisáuridos», similares a la que tiene el actual cocodrilo, que tenían promedio de 5 a 9 metros de largo y habitaban en la Patagonia.
Científicos del CONICET confirmaron este jueves que restos fósiles encontrados en 2015 en la provincia de Neuquén corresponden a uno de los principales depredadores de la región durante el Cretácico Superior, el Llukalkan aliocranianus, conocido como «el que causa miedo».
“Se encontró el cráneo de un abelisáurido en la zona de La Invernada, al norte de la Provincia de Neuquén. Este animal habitó el lugar hace aproximadamente unos 85 millones de años”, informó el COCINET en su sitio web.
Los restos del Llukalkan denotan un formidable tamaño (hasta cinco metros de largo), con una mordida fuerte a raíz de sus dientes muy afilados, enormes garras en sus patas, y un agudo sentido del olfato, explicó la especialista en paleo-neurología e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente, Ariana Paulina-Carabajal, en un informe publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology.
El Llukalkan aliocranianus se caracteriza por tener tractos y bulbos olfatorios relativamente grandes en relación al resto del cerebro. “Esto indicaría que para estos animales el sentido del olfato habría sido muy importante, más que el de la vista y el oído”, dijo la especialista.
Se especula que el Llukalkan tenía una mejor audición que otros «abelisáuridos», similares a la que tiene el actual cocodrilo, que eran una familia de dinosaurios terópodos con un promedio de cinco a nueve metros de largo que habitaban en la Patagonia y en otras áreas del antiguo subcontinente sur de Gondwana, reconocido hoy como África, India, Antártida, Australia y América del Sur.
“En cuanto al sentido de la audición, la lagena (que es la parte encargada de percibir vibraciones y transformarlas en señales que el cerebro interpreta como sonidos) es simple y corta, similar a la presente en la mayoría de los dinosaurios no-avianos y a la de cocodrilos vivientes actuales. Esto sugiere que el rango de percepción de sonidos habría sido similar al de esos reptiles”, describe Paulina-Carabajal.
Según la investigación, el nuevo espécimen fue clasificado como «abelisáurido» y tenía un cráneo corto con huesos ásperos, por lo que se estima que, en vida, su cabeza tenía protuberancias y prominencias parecidas a las de algunos reptiles, como las iguanas tienen hoy en día. Además, en la zona del oído medio, los restos fósiles -un cráneo muy bien conservado y sin triturar- muestran un pequeño seno posterior lleno de aire que no se ha visto en ningún otro abelisáurido encontrado hasta el momento.
El Llukalkan vivió en la misma área y período de tiempo que otra especie de abelisáurido furileusauriano (lagarto de lomo rígido), el Viavenator exxoni, solo unos pocos millones de años antes del final de la era de los dinosaurios. Los restos fósiles de estos gigantes se hallaron a sólo 700 metros de distancia en la Formación Bajo de la Carpa, cerca del mismo sitio famoso de fósiles en La Invernada, en la provincia de Neuquén.
Fuente; Perfil


