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Formosa: la carta que le escribió un chico con fibrosis quística al presidente

Mateo tiene 17 años y ante el rechazo de su provincia, Formosa, por darle la medicación prescripta, decidió recurrir a Alberto Fernández. “No me deje morir, le pido una oportunidad para vivir y soñar”.

Mateo Figueredo tiene 17 años, es formoseño y se encuentra internado en el Hospital de Alta Complejidad Juan D. Perón de la capital provincial. Padece fibrosis quística, una enfermedad respiratoria que ha dañado tanto sus pulmones que no podría someterse a un trasplante.

Su lucha por la vida conmueve. «Ya estoy acostumbrado a las internaciones, estoy quince días en casa, quince acá internado, así viene la mano desde mediados del año pasado. Esta última vez fue brava -suspira pero sonriendo-, me costaba respirar, me dolía mucho la caja torácica al toser, se hace difícil, pero tengo motivos para seguir adelante. Mi mamá no se me despega ni un momento, es una leona, y mi papá está cuidando a mi hermanito Joel, de 3 años, que me está esperando para jugar».

Semanas atrás, de puño y letra, a Mateo se le ocurrió escribirle una carta al presidente Alberto Fernández, «porque tampoco tengo todo el tiempo del mundo, necesito resolver mi delicada situación… no me quiero morir así». Dice un pasaje de la carta: «Acá en Formosa la Justicia rechazó mi pedido y me siento abandonado y desprotegido, por eso le escribo señor Presidente. Usted dijo que la salud es prioridad. No me deje morir en una cama de hospital. Ya no quiero sentir más dolor, quiero una vida normal, como cualquier chico de mi edad».

La misiva de dos páginas, escrita en tinta azul, muy prolijamente, agrega: «Estoy cansado de internarme, de los pinchazos, de entrar al quirófano, del equipo de oxígeno, de las decenas de medicamentos que tengo que tomar a diario. Quiero volver a mi casa, estar con mi papá y mi hermanito, le pido una oportunidad, quiero vivir y soñar, no sentir dolor al respirar», escribió Mateo, que en tren de sueños le gustaría ser médico «especialista en enfermedades crónicas. Veo cómo me atienden y quiero ser un héroe como lo es el doctor Montenegro, que me vive salvando la vida«.

Cuenta Mateo que ve la tele durante su internación y se enteró io por cómo el pueblo formoseño se rebeló contra el despotismo y la tiranía de su gobernador Gildo Insfrán -quien no autoriza su medicamento- y hace una mueca de satisfacción junto a su madre Laura. «No podíamos creer las imágenes que veíamos. Decíamos ‘esto no es Formosa, no es nuestro pueblo’. Me puso muy contento y a la vez sentí pena y bronca porque, de haberme sentido bien y no estar en el hospital, seguro que hubiera estado allí apoyando en la marcha«.

Ser electrodependiente convierte a Mateo en un rehén del oxígeno, por lo que su vida desde hace más de un año, cuando su salud empezó a declinar, es completamente en interiores. «No puedo jugar a la pelota, correr, revolcarme con mi hermanito, encontrarme con mis amigos, tomar algo con ellos, ni ayudar a mi papá en alguna tarea. Nada hasta que consiga la medicación, por eso la llamo la pastilla milagrosa«, cuenta sin dramatizar un panorama que hace añicos el alma.

Desde 2014 la familia Figueredo vive en una habitación de 16 metros cuadrados, con un baño, claramente un espacio no apto para cuatro personas, menos para un chico con una enfermedad respiratoria grave. «Es un lugar que estamos intentando mejorar para que Mateo no empeore, porque la casita, que fue entregada por el gobierno formoseño a las familias con algún miembro discapacitado, tiene humedad y mucho polvillo, lo que dificultad sus vías respiratorias«, apunta Laura, su mamá.

Fuente: Clarín

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